Victor Marie Hugo. (Besanzón), 26 de febrero de 1802 - 22 de mayo de 1885 (París). Poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, POEMAS: "Odas y baladas" (1826), "Las hojas de otoño" (1832), "Las contemplaciones" (1856), "Los castigos" (1853), "La leyenda de los siglos" (1859 y 1877), NOVELAS: "Nuestra Señora de París" (1831), "Los miserables" (1862), "Noventa y tres" (1874), TEATRO: "Cromwell" (1827), "Hernani" (1830), "Ruy Blas" (1838), ...
- En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz...
- El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
- Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta la juventud de la edad madura.
- Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.
- Nada mejor que el sueño para engendrar el porvenir. La utopía de hoy es carne y hueso mañana.
- La felicidad suprema en la vida es tener la convicción de que nos aman por lo que somos, o mejor dicho, a pesar de lo que somos.
- La música expresa aquello que no puede decirse con palabras pero no puede permanecer en silencio.
- Nada tan estúpido como vencer; el verdero triunfo está en convencer.
- La belleza es tan útil como lo útil. Tal vez más.
- La risa es la distancia más corta entre dos personas.
- Lo malo de la inmortalidad es que hay que morir para alcanzarla.
- El recuerdo es vecino del remordimiento.
- Los brazos de una madre están hechos de ternura y los niños duermen profundamente en ellos.
- En cierta ocasión, Víctor Hugo, le mandó una carta a su editor para saber su opinión sobre la obra que le había envidado, tan solo puso en ella: "?". A lo que el editor le respondió con otra que ponía: "!".
- No olvidemos jamás que lo bueno no se alcanza nunca sino por medio de lo mejor.
- Los hombres son como aquel pedazo de hielo que un árabe confundió con un diamante; lo guardó como una joya preciosa en su zurrón y cuando fue a buscarla, ni aún tan siquiera halló un poco de agua.
- El malicioso tiene una felicidad oscura.
De "Los miserables". IV. (Un lugar donde empiezan a formarse algunas convicciones):
De "Los miserables". IV. (Un lugar donde empiezan a formarse algunas convicciones):
"En un extremo de la sala, justamente donde él estaba, los jueces se mordían las uñas distraídos cerraban los párpados. En el otro extremo se situaba una multitud harapienta. Nadie hizo caso de él. Las miradas se fijaban en un punto único, en un banco de madera que se encontraba cerca de una puertecilla a la izquierda del presidente. En aquel banco había un hombre entre dos gendarmes.
Era el acusado.
Los ojos del señor Magdalena se dirigieron allí naturalmente, como si antes hubiesen visto ya el sitio que ocupaba. Y creyó verse a sí mismo, envejecido, no el mismo rostro, pero el mismo aspecto, con esa mirada salvaje, con la chaqueta que llevaba el día que llegó a D. lleno de odio, ocultando en su alma el espantoso tesoro de pensamientos horribles acumulados en tantos años de presidio.
Y se dijo, estremeciéndose:
-¡Dios mío! ¿Me convertiré yo en eso?".
Era el acusado.
Los ojos del señor Magdalena se dirigieron allí naturalmente, como si antes hubiesen visto ya el sitio que ocupaba. Y creyó verse a sí mismo, envejecido, no el mismo rostro, pero el mismo aspecto, con esa mirada salvaje, con la chaqueta que llevaba el día que llegó a D. lleno de odio, ocultando en su alma el espantoso tesoro de pensamientos horribles acumulados en tantos años de presidio.
Y se dijo, estremeciéndose:
-¡Dios mío! ¿Me convertiré yo en eso?".
Víctor Hugo.
