Gabriel José de la Concordia García Márquez. 6 de marzo de 1927 (Aracataca) - 17 de abril de 2014 (Ciudad de México). Conocido familiarmente como "Gabo". Escritor, novelista, editor y periodista colombiano -Realismo mágico-. Premio Nobel de Literatura en 1982. Algunos títulos: "La hojarasca" (1955), "El coronel no tiene quien le escriba" (1961), "La mala hora" (1962), "Cien años de soledad" (1967), ... CUENTOS: "Ojos de perro azul" (1972), REPORTAJES: "Relato de un náufrago" (1970), ... TEATRO, MEMORIAS...- Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse...
- Solo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser.
- Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
- Ninguna persona merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar.
- La ilusión no se come -dijo ella.
- No se come, pero alimenta -replicó el coronel.
- En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces.
- No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible.
- No tenemos otro mundo al que podernos mudar.
- Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para el que tiene corazón.
- Los amputados sienten dolores, calambres, cosquillas, en la pierna que ya no tienen. Así se sentía ella sin él, sintiéndolo estar donde ya no estaba.
- Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe.
De "Cien años de soledad":
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo... Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".
García Márquez.