Charles John Huffam Dickens. (Portsmouth) 7 de febrero de 1812 - 9 de junio de 1870 (Gads Hill Place). Escritor inglés. Uno de los más destacados de la época victoriana. De entre sus obras: "Los papeles póstimos del club Pickwick" (1836-37), "Oliver Twist" (1837-39), "Nicholas Nickleby" (1838-39), "La tienda de antigüedades" (1840-41), "Barnaby Rudge" (1841), "Canción de Navidad" (1843), "Martin Chuzzlewit" (1843-44), "Dombey e hijo" (1846-48), "David Copperfield" (1849-50), "Casa desolada" (1852-53), "Tiempos difíciles" (1854), "La pequeña Dorrit" (1855-57), "Historia de dos ciudades" (1859). "Grandes esperanzas" (1860-61)...
- El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.
- Acostumbramos a cometer nuestras peores debilidades y flaquezas a causa de la gente que más despreciamos.
- Hay hombres que parecen tener solo una idea y es una lástima que sea equivocada.
- Cada fracaso le enseña a un hombre algo que necesitaba aprender.-
- Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.
- El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.
- La familia no son solo aquellas personas con las que compartimos la sangre, sino también aquellas por las que derramaríamos nuestra sangre.
- Nunca te fíes de la apariencia, sino de la evidencia. No existe mejor norma.
- Cuando un hombre sangra por dentro, es peligroso para él, pero cuando ríe para adentro, es presagio de algún mal para otros.
- Si no existieran las malas personas, no existirían los buenos abogados.
- Un día malgastado en otras personas no es un día malgastado en nosotros.
- La diferencia entre la construcción y la creación es que lo que se construye se ama después de ser construido, mientras lo que se crea, se ama antes de ser creado.
Párrafo de GRANDES ESPERANZAS (Capítulo I):
"Como mi apellido es Pirrip y mi nombre de pila Felipe, mi lengua infantil, al querer pronunciar ambos nombres, no fue capaz de decir nada más largo ni más explícito que Pip. Por consiguiente, yo mismo me llamaba Pip, y por Pip fui conocido en adelante. Digo que Pirrip era el apellido de mi familia fundándome en la autoridad de la losa sepulcral de mi padre y de la de mi hermana, la señora Joe Gargery, que se casó con un herrero. Como yo nunca conocí a mi padre ni a mi madre, ni jamás vi un retrato de ninguno de los dos, porque aquellos tiempos eran muy anteriores a los de la fotografía, mis primeras suposiciones acerca de cómo serían mis padres se derivaban, de un modo muy poco razonable, del aspecto de su losa sepulcral. La forma de las letras esculpidas en la de mi padre me hacía imaginar que fue un hombre cuadrado, macizo, moreno y con el cabello negro y rizado. A juzgar por el carácter y el aspecto de la inscripción «También Georgiana, esposa del anterior» deduje la infantil conclusión de que mi madre fue pecosa y enfermiza. A cinco pequeñas piedras de forma romboidal, cada una de ellas de un pie y medio de largo, dispuestas en simétrica fila al lado de la tumba de mis padres y consagradas a la memoria de cinco hermanitos míos que abandonaron demasiado pronto el deseo de vivir en esta lucha universal, a estas piedras debo una creencia, que conservaba religiosamente, de que todos nacieron con las manos en los bolsillos d e sus pantalones y que no las sacaron mientras existieron".
"Como mi apellido es Pirrip y mi nombre de pila Felipe, mi lengua infantil, al querer pronunciar ambos nombres, no fue capaz de decir nada más largo ni más explícito que Pip. Por consiguiente, yo mismo me llamaba Pip, y por Pip fui conocido en adelante. Digo que Pirrip era el apellido de mi familia fundándome en la autoridad de la losa sepulcral de mi padre y de la de mi hermana, la señora Joe Gargery, que se casó con un herrero. Como yo nunca conocí a mi padre ni a mi madre, ni jamás vi un retrato de ninguno de los dos, porque aquellos tiempos eran muy anteriores a los de la fotografía, mis primeras suposiciones acerca de cómo serían mis padres se derivaban, de un modo muy poco razonable, del aspecto de su losa sepulcral. La forma de las letras esculpidas en la de mi padre me hacía imaginar que fue un hombre cuadrado, macizo, moreno y con el cabello negro y rizado. A juzgar por el carácter y el aspecto de la inscripción «También Georgiana, esposa del anterior» deduje la infantil conclusión de que mi madre fue pecosa y enfermiza. A cinco pequeñas piedras de forma romboidal, cada una de ellas de un pie y medio de largo, dispuestas en simétrica fila al lado de la tumba de mis padres y consagradas a la memoria de cinco hermanitos míos que abandonaron demasiado pronto el deseo de vivir en esta lucha universal, a estas piedras debo una creencia, que conservaba religiosamente, de que todos nacieron con las manos en los bolsillos d e sus pantalones y que no las sacaron mientras existieron".
Charles Dickens.